Por: Luis Noé Granados 

En esta reflexión, quiero exponer los argumentos fundamentales de nuestra fe, que se encuentran bien cimentados en la Sagrada Escritura y en los documentos de la santa Iglesia.

“Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es la esperanza a la que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre”  (Ef.4,4-5).

Yo antes era Católico pero ahora soy . . .

Las decisiones humanas son muy respetables, pues tenemos una libertad que es un don de Dios y por lo tanto son individuales; pero que al tomar una decisión de tanta trascendencia es porque en ese momento  no estoy comprometido con lo que profeso, no estudio ni lo practico; en ese momento somos presa fácil de los espejismos al igual que un aviso publicitario, en un momentos nos deslumbra y después nos acostumbramos que lo tomamos como muy nuestro.

Yo no los apruebo, sin embargo, respeto su decisión de cambiar la fe que Dios le dio para que a Ud. le gusta. Al menos permítame decirle que soy Católico y por qué quiero seguir siéndolo.

  1. SOY CATÓLICO PORQUE ES LA IGLESIA QUE CRISTO FUNDÓ.

Esta iglesia es santa Católica (Universal) y apostólica, la que el Salvador confió  después de su resurrección a Pedro para que la apacentara “Le dice por tercera vez: Simón de Juan ¿me quieres? . Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ¿Me quieres? Y le dijo: Señor, tu lo sabes todo; tu sabes que te quiero. Le dice Jesús: apacienta mis ovejas” (Jn 21,17).

Cristo erigió a los Apóstoles como columna fundamental de la verdad: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).

No hay razón alguna en dejar la iglesia  de Cristo para pasarse a otra fundada por un hombre, por más inteligente y famoso que sea. En el documento Lumen Gentium No.8 dice: “Esta es la única iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos una santa, católica y apostólica, la que nuestro Salvador confió después de su resurrección a Pedro para que la apacentara, confiándole a él y a los demás apóstoles su difusión y gobierno, y la erigió como columna y fundamento de la verdad. Esta iglesia constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en la iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él…”

 

2. SOY CATÓLICO PORQUE MI IGLESIA ES UNA FAMILIA.

Hay quienes afirman: “Soy cristiano de la Biblia y no necesito de la Iglesia”; esto es un error, porque ser cristiano es vivir en comunión con los demás, Dios quiere que nos ayudemos unos a otros en el camino de la salvación, es como recorrer solo el desierto usando como mapa su propia interpretación de la Biblia, no culpe a Dios si se pierde.

“ Sin embargo, la fe cristiana no es una religión de libro. El cristianismo es la religión de la Palabra de Dios, no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo (San Bernardo, hom. miss. 4, 11). Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu de la inteligencia de las mismas (Lc 24,45)”. CIC No.108.

Por eso Cristo no escribió un libro, sin que fundó una iglesia “ En todo tiempo y lugar ha sido grato a Dios el que le teme y practica la justicia. Sin embargo, quiso santificar y salvar  a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre si, sino hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida santa. Eligió, pues, a Israel para pueblo suyo, hizo una alianza con él y lo fue educando poco a poco. Le fue revelando su persona y su plan a lo largo de su historia y lo fue santificando. . .” (CIC No. 781). San Pablo no llama a la iglesia “Club de Jesús”, sino “Cuerpo de Cristo para que entendamos que al separarnos de su iglesia no separamos de Cristo. “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre el viñador. Todo sarmiento que en mi no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que de más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mi, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar futo por si mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mi. Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. El que permanece en mi como yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mi no podéis hacer nada”.