P. Fernando Pascual

Muchas personas tienen una gran sensibilidad hacia el mundo natural en el que se desarrolla la existencia humana.

Tal sensibilidad está presente en reportajes, libros, revistas, páginas de internet, grupos de amigos que organizan excursiones a lugares poco alterados por la tecnología.

En ocasiones, el amor a la naturaleza está unido al desprecio hacia la tecnología, como si muchos progresos difundidos por el hombre fueran un daño grave para animales y plantas del planeta.

Puede parecer paradójico constatar cómo el aprecio de la naturaleza se difunde muchas veces precisamente gracias a la técnica.

Así, un amante de los bosques tropicales fomenta su cariño hacia la naturaleza con la lectura de libros elaborados con árboles cortados de esos bosques.

Un entusiasta de pequeños paraísos climáticos, conservados casi intactos, puede visitarlos tras un viaje en un avión o en un barco, lo cual supone el uso de máquinas modernas.

Un defensor del regreso a una vida más sencilla y natural usa canales de internet y dispositivos electrónicos que están bastante lejos del modelo de vida promovido por esa persona.

La lista de situaciones puede ser más larga y muestra un aspecto característico de la especie humana: el llegar a adquirir y promover ciertas ideas con la ayuda de instrumentos tecnológicos más o menos sofisticados.

Esa tecnología puede ser criticada, incluso habrá quienes lancen frases incisivas para invitar a no usar tal o cual aparato y así salvar el planeta o promover estilos de vida más naturales

Pero las críticas y las propuestas de esas personas seguramente no serían difundidas ampliamente si tales personas (u otras) no accedieran a instrumentos que tienen muy poco de naturales y mucho de artificiales.

El mundo humano, desde que se elaboraron las primeras hachas y los primeros textos escritos, ha coexistido y coexiste también hoy con tecnologías que abren espacio a miles de posibilidades y que permiten la difusión de nuevas ideas.

Lo importante es reconocer que la tecnología puede ser orientada hacia daños más o menos serios contra la naturaleza y contra el mismo ser humano; o que esa misma tecnología puede ser usada para promover un mundo más justo y más equilibrado, capaz de ayudarnos a vivir correctamente en el presente y a avanzar hacia el encuentro con Dios tras la frontera de la muerte.