1. Fernando Pascual

A lo largo de la historia humana millones de personas han optado por actuar en la clandestinidad, a veces con riesgos muy elevados, para vivir según sus principios religiosos.

En el relato de la Biblia se nos habla de las comadronas que salvaban, a escondidas, la vida de bebés hebreos.

En el mundo romano, miles de cristianos celebraban la misa de modo clandestino, incluso poniendo en peligro sus vidas.

Durante la Revolución francesa, hubo miles de sacerdotes, religiosos y laicos, que tenían que esconderse para poder vivir según su fe católica.

Ante gobiernos tiránicos del siglo XX, bajo el comunismo y bajo el nazismo, miles de creyentes conservaron su fe y sus ritos, y ayudaron clandestinamente a otros a salvar sus vidas.

La lista de clandestinos por la fe es muy larga. Todavía hoy, en algunos países, los cristianos no pueden decir que lo son porque serían condenados a muerte, o serían encarcelados, o perderían sus derechos básicos.

Esos creyentes sabían y saben que en la vida lo más importante es amar a Dios y a los hermanos. Sabían y saben también que una ley injusta o un gobierno tiránico nunca merecen ser obedecidos.

Por eso, cada vez que, en el camino de la historia, un tirano, o un parlamento que va más allá de sus límites, imponen normas contrarias a la fe y a la justicia, los verdaderos cristianos están dispuestos a pasar a la clandestinidad y a evitar esos daños que producen quienes se someten servilmente a normas injustas.

La lista de los mártires del pasado y del presente nos anima y nos enseña cómo escoger lo más importante: el mensaje de Cristo, la fidelidad a la Iglesia fundada por Él, y la vivencia de los mandamientos.

Habrá riesgos, habrá incluso cárceles y daños físicos. Pero la fuerza de la gracia y el amor a Dios y a los hermanos, darán fuerzas para vencer al mal con el bien, y para vivir hasta entregar la vida por los amigos…