¿Te has preguntado si dejas a Cristo reinar en tu vida?

Gina Vargas Salgado

Periodista

El 2020 ha sido para muchos un año devastador. La pandemia nos tomó por sorpresa y a su paso por estos meses, deja dolor, confusión e incertidumbre.

Para otros 2020 es sinónimo de cambio, de valorar lo que antes pasaba desapercibido, reconocer que la humanidad es frágil y que la alegría y la esperanza no vienen de factores externos sino más bien se llevan dentro.

Aún a pesar de lo difícil que sea comprender lo que vivimos, es posible decidir qué actitud tomar frente a las circunstancias; claro está, que para verlo desde la óptica de la esperanza, solo es posible hacerlo cuando tenemos la certeza de que Cristo es el Rey del universo.

Este domingo 22 de noviembre, la Iglesia celebra la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, todos los años se realiza el último domingo del año litúrgico y fue instituida por el Papa Pío XI en el año 1925.

No es casualidad que esta fiesta tenga lugar el último domingo del tiempo ordinario, ya que su objetivo es recordarnos el sentido cristiano que tiene la consumación del plan de Dios en la vida de cada uno, teniendo siempre presente, que Él es Rey y Señor de todo lo creado, el alfa y el omega, el principio y el fin.

Este domingo cada palabra que nos ofrecerá la liturgia, será una invitación para abandonarnos en las manos de aquel que nos ama y nos conoce a cada uno de nosotros sus hijos.

En Siglo Católico queremos invitarte para que vayamos un poco más allá y no nos quedemos solamente en resaltar la importancia de la celebración y del cierre nuestro año litúrgico; para eso hemos pensado que a través de estas preguntas sencillas, hagas una reflexión personal y así vivas plenamente la gran fiesta de Cristo Rey del Universo.

Para reflexionar:

Te recomendamos que respondas estas preguntas en oración, pidiendo al Espíritu Santo que te ilumine y te conceda ser sincero contigo mismo.

  1. ¿Reconozco a Cristo como Rey de mi vida?
  2. Si Cristo es el Rey de mi vida ¿Soy dócil y obediente cuando me pide que deje el pecado porque me aparta de Él?
  3. ¿Me expongo a situaciones que no le permiten a Cristo ser el Rey de mi vida?
  4. ¿En algunos momentos permito que en mi vida reine la avaricia, la lujuria, la gula, la ira o cualquier otro pecado?
  5. Si quiero que Cristo sea Rey de mi vida ¿Estoy dispuesto(a) a confesarme para estar en Gracia y cerrar este año litúrgico como hijo (a) del Rey?

No podemos concluir esta reflexión, sin resaltar que el amor de Cristo sobrepasa nuestra frágil humanidad y que Su Misericordia se renueva día a día, dejarlo reinar en nuestra libertad sin duda alguna es la mejor decisión.

¡Viva Cristo Rey!