Historia de una mujer valiente

Autor: Padre José Martínez Colín

1) Para saber

Un escritor, Alfonso Aguiló, recuerda la historia de una mujer valiente y fiel a su conciencia que pone su vida al servicio de los demás y que a continuación resumo.

Sophie Scholl nació en Alemania en 1921 y vivió muy de cerca la agresividad y la perversión del nazismo.

En mayo de 1942 entró en la Universidad de Munich, como estudiante de Biología y Filosofía. Su hermano, Hans Scholl, también estudiaba Medicina. Varios estudiantes debatían cómo debía actuar un cristiano bajo aquella dictadura. No era una fácil, pues, por ejemplo, su padre había sido encarcelado por un comentario crítico sobre Hitler.

Por entonces, aparecieron algunos panfletos contra el nazismo del movimiento “La Rosa Blanca”. Sophie se sintió atraída por esas ideas e ingresó al grupo. Su hermano Hans y sus amigos eran los principales miembros de ese grupo, que se estaba extendiendo por toda Alemania. Pronto, ambos hermanos lideraban el grupo. Casi todos habían sido testigos de las atrocidades nazis, tanto en los campos de batalla como entre la población civil.

Los dos hermanos acudieron a la Universidad la mañana del 18 de febrero de 1943. Sophie decidió lanzar sobre los estudiantes los últimos papeles, pero fue vista por un conserje que avisó a la policía. Ambos hermanos fueron arrestados, así como otros miembros del grupo.

La Gestapo colocó en la misma celda de Sophie a una mujer llamada Elsa Gebel, para espiarla y obtener más nombres de los miembros del grupo. Sin embargo, sucedió lo contrario, pues Elsa cambió sus convicciones al escucharla y no reportó nada. Después de la guerra, Elsa Gebel describió, en una carta dirigida a los padres de Sophie, cómo, en esos últimos cinco días de la vida de su hija, ella había cambiado toda su forma de pensar y eso le había marcado para siempre.

El 22 de febrero de 1943 un tribunal les declaró culpables de traición y fueron condenados a morir en la guillotina ese mismo día lo mismo que a otros miembros. Pese a ello, la organización creció en número.

En años posteriores, los hermanos Scholl han sido inmortalizados en el cine y en el teatro, en obras como “La Rosa Blanca” o “Los últimos días”, donde se narran esos últimos días de su vida.

Hoy, muchas calles, parques, avenidas y escuelas de Alemania llevan el nombre de los hermanos Scholl. Su historia es un ejemplo de la resistencia con que supieron rebelarse ante una gran injusticia. Combatían sin apenas medios contra la impresionante potencia del Tercer Reich.

Eran jóvenes y “les disgustaba perder el encanto de vivir”, como dijo muy tranquila Sophie el día de la ejecución. Pero sabían que la vida no es el valor supremo, y que solo satisface realmente cuando se pone al servicio de algo superior, que la ilumina y calienta con tanta claridad como nos ilumina y nos calienta el sol. Tenían el convencimiento de que la muerte no era un precio demasiado alto a pagar por seguir los dictados de la conciencia. Por eso marcharon serenos a su encuentro, sin miedo, sabiendo que morían defendiendo algo grande, algo en lo que creían. “¿Qué importa mi muerte -afirmó Sophie-, si a través de nosotros miles de personas se despiertan y comienzan a actuar?”.

Una lección para seguir unos ideales en los que encontramos

una razón para vivir y para morir.