«No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo» (Víctor Hugo)

Por: Sandra Rivera

Cuando decimos que queremos cambiar el mundo, y sin embargo nos quedamos con los ideales, sin llegar a realizarlos, es como ver un paisaje con lentes distorsionados.

Es fácil ver desde la zona de confort, pensar, querer, desear, pero no actuar, dejar que los demás hagan lo que uno anhela, y después de que este realizado, decir, “A eso me refería”.

 Y sin embargo jugamos muchas veces a la doble moral, a juzgar a otros sin tomarnos el tiempo de vernos interiormente y reconocernos quizás, peor que al que criticamos, anhelamos tanto la libertad, y somos prisioneros de nuestro propio yo, dejando de esta manera de enfocarnos en esas ideas de cambio y centralizándonos en lo que no, edifica. 

La vida se nos dio para vivirla a plenitud, dentro de normas establecidas, que hacen que realmente se viva, en esa plenitud, bajo la moral, que al tomar las decisiones en nuestra vida, no sean equivocadas y después terminemos siendo esclavos de lo que decidimos en el momento en el que no, nos regimos por el bien, e inclinándonos  por el mal.

La vida también se nos dio para devolverla, para entregarla, si no existiera la muerte, estoy segura que la vida no tendría el sentido que tiene, porque el hombre siempre está en la búsqueda de “algo”  y ese “algo” que buscamos consciente e inconscientemente es la vida que nos espera al partir de esta pasajera, por lo tanto, es cuando debemos tomar conciencia, de realizarnos bajo la dirección de aquello que nos transforme y transforme aquel que se acerque a nosotros, siendo testimonios de vivencias coherentes, y no jugar a las máscaras.

La crítica desestabiliza nuestra paz interior, el vivir pendiente del otro, nos alejamos de lo que debemos hacer en nosotros mismos, el pesimismo, deja nada mas un sin sabor en lo que hacemos y  mucho mas en aquello  que dejamos de hacer por perder el tiempo en vivir la vida de los demás, en el sentido equívoco, juzgándolos y haciendo comparaciones con nosotros mismos.

Mientras miremos el lado oscuro de la vida, no podremos divisar la luz, que siempre nos ilumina, hay que intercambiar el negativismo y ver oportunidades, dejar de pensar y no actuar, debemos dejar de ser fariseos que se dedicaban a juzgar y vivir bajo el cumplimiento de una ley que no los humanizaba y los alejaba realmente de su prójimo y por ende, de Dios.

Cambiar el mundo, no es utopía, no es una quimera, es una realidad que podemos lograrla desde que empecemos a cambiar nuestro modo de vivir, de empezar a levantarnos como seres llenos de vitalidad, sin la frustración que estamos regido bajo organismos que nos mantienen en una realidad zombie, la decisión está en cada uno, de elegir tomar ese día con ilusión, con alegría, sabemos que la felicidad es momentánea, pero la alegría es permanente, si optamos por ella.

Bajo la perspectiva Cristiana, debemos de estar alegres, a como lo cita una alabanza, “no puede estar triste el corazón que alaba a Cristo”

Es verdad, que muchas veces no se puede luchar contra un gigante, pero de la mano de Dios, podríamos ser ese David que venció a Goliat, vencer dentro de nosotros mismos ese Goliat es lo más cercano y lo principal para poder cambiar el resto, y quizás los gigantes externos son más complicados, como quizás desear cambiar la dirección del viento, pero si podemos cambiar la dirección de nuestras velas, para llevarla por otro horizonte, con diferente actitud, aun así las circunstancias no sea las mejores, 

Pero hay una realidad, esta vida es pasajera, TODO, lo vamos a dejar en algún momento, tarde o temprano, entonces, porque no vivir con alegría cada día que nos regala el Señor,  teniendo en cuenta que somos un completo oasis, donde podemos ser fuente de agua, para aquel que tiene sed.

El poeta y monje trapense Thomas Merton decía que “Los hombres no son islas” !No! no podemos estar aislados de todo lo que aqueja a nuestros hermanos, y desde ese momento que tomemos la decisión que hay otros que sufren en gran escala, dejaremos de darnos esas treguas, y de pensar desde un cómodo sillón, con una taza de café, frente a un televisor que están pasando las tragedias del mundo, mientras nosotros en cada sorbo, nos enjugamos las lágrimas de dolor, de un  dolor a distancia, pero ni siquiera somos capaces de auxiliar al vecino que quizás esta atravesando la peor de las soledades.

Es tiempo ya, de dejar de victimizarnos por una sociedad, en la que no hacemos nada, para un cambio, porque muchos cooperan para la guerra, pero muy pocos para la paz.

El cambio no es una Utopía, si fuera una irrealidad, la muerte de Jesús, no tendría sentido, puesto que el vino a cambiarlo todo, y su resurrección es la prueba contundente de que la verdadera vida, vence a la muerte, en otras palabras, el amor vence al odio.