Autor: Sandra Rivera.

Ya en la madurez que se alcanza en la vida, podemos hacernos fácilmente una pregunta, desde una perspectiva diferente, a la que quizás nos la hacemos deliberadamente y que muy pocos en nuestra juventud nos la hicimos, desde la profundidad que requiere su respuesta, siendo totalmente comprensible, porque en esa etapa de la vida, se vive con ese ímpetu  en el cual se cree que los años son estáticos, mientras nos devoramos el mundo con la prisa de la juventud.

Pero ya cuando van cayendo esos días en que volteamos para atrás, realmente nos damos cuenta, que los años pasaron sin ninguna consideración ni reparo y es ahí en ese momento donde viene la pregunta: ¿Qué hace que mi vida sea valiosa?

En nuestro mundo moderno, esta pregunta podría ser contestada a la ligera, basado quizás en logros o fracasos, en las posesiones, en el prestigio, y en el que dirán.

Sin embargo, si se detiene a pensar realmente en la respuesta con una honda reflexión, buscando dentro de esos rincones del alma, de la conciencia, que muchas veces no queremos oír, y llenamos esos vacíos con diversas formas de escape, obteniendo por ende las respuestas, que desembocan en las razones equivocadas de hacer que la vida, sea verdaderamente valiosa.

 

Quizás, para una joven que prematuramente inicio su vida sexual, sin ninguna responsabilidad ni conocimiento de las consecuencias que eso trae, y que el resultado de hacerse sentir valiosa, queda “por error” embarazada, y por el mismo causal, de sentirse de esa manera, opta por abortar porque afuera, no soportaría ni el que dirán, ni está capacitada para afrontar, esa gran responsabilidad de ser madre.

De igual manera, podemos hablar de la mujer que cae en este tipo de errores aun siendo ya adulta, pero en la búsqueda de sentirse amada, valorizada incurre en muchos errores, que después traen graves consecuencias a su vida.

Hay tantos casos que no se podría terminar de escribir sobre ellos, en cuanto a esta visión de buscar ese “valor” que ofrece el mundo, niños, jóvenes, adultos que buscan hacer comunidad en las comunidades equivocadas, donde únicamente les ofrecen abandonarse al vacío, a la pérdida de la identidad como persona, al abandono total de sus valores, sustituyéndolos por drogas, prostitución, trata de blancas, robos, asesinatos, e innumerables errores que son la consecuencia de la búsqueda de hacer valer la vida.

Desde los ojos del mundo en que vivimos, ser valioso, tiene el signo de dinero, el estatus alcanzado por una profesión, o el prestigio y la fama.

Sin embargo desde la perspectiva cristiana lo que hace valiosa la vida es aquello que nos mantiene de pie a Cristo, porque Dios nos creó con el propósito de estar en pie, viviendo los mandatos que nos hacen ser personas con una visión diferente de la vida, de todo aquello que conlleva dejarse dirigir por el mandamiento que nos hace ser valiosos ante los ojos del señor y es, “Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.

Y aunque muchas veces caigamos en esta vida, no olvidemos un canto alpino que los que suben las montanas lo hacen su himno “En el arte de subir, lo importante no es no caer, sino no permanecer caído”.