1. Fernando Pascual

Para llegar a destino necesitamos la ayuda de un mapa, de un navegador, de una buena hoja de ruta. Será mejor si señala cómo está el camino “en tiempo real”: atascos en carretera, o caída de árboles en un sendero de montaña, o peligro de lluvia.

Para llegar a la meta eterna, al encuentro definitivo con Dios Padre, necesitamos una hoja de ruta para nuestras almas. Esa hoja de ruta indicará los caminos, el grado de dificultad, la presencia de fuentes con agua potable, los peligros que se esconden en algunos recovecos.

Esa hoja de ruta la encontramos en la Biblia, sobre todo en el Evangelio. Los mandamientos de la Ley de Dios y las bienaventuranzas concretizan de modo maravilloso el camino y los medios que nos permiten ir, junto a nuestros hermanos, al cielo eterno.

Además, contamos con las enseñanzas de la Iglesia católica, de modo concreto en lo que ha quedado plasmado en el “Catecismo de la Iglesia Católica” publicado en 1992.

En ese Catecismo sirven como ayuda especial para el camino las partes tercera (“La vida en Cristo”) y cuarta (“La oración cristiana”), sin olvidar lo que tenemos que creer (parte primera) y la vida litúrgica y sacramental (parte segunda).

A lo largo de su larga historia, diversos autores espirituales han ofrecido consejos muy valiosos para la hoja de ruta, y siempre ayuda leer sus textos y adaptarlos según lo que nos vaya diciendo el Espíritu Santo, con la cercanía de un buen director espiritual.

La lista de esos textos espirituales podría ser muy larga. Como indicación, aquí recogemos algunos títulos: “Audi, filia” (san Juan de Ávila); “Imitación de Cristo” (Tomás de Kempis), “Escalera al paraíso” (san Juan Clímaco), “Camino de perfección” y “Moradas” (santa Teresa de Jesús), “Diálogo” (santa Catalina de Siena), “La amistad de Cristo” (Robert Benson).

Lo que cada peregrino, en su camino interior, necesita, es encontrar aquellos textos con los que más sintoniza y que mejor ayuden a descubrir cuál sea la hoja de ruta que Dios tiene pensada para él, y así marchar con una gran esperanza y un buen “mapa espiritual”.

Este día es una nueva etapa en ese largo sendero que me acerca, poco a poco, a Dios. Tomaré en mis manos la hoja de ruta para entender por dónde me quiere llevar Dios. Buscaré abrirme a sus luces e inspiraciones, y seguiré la marcha, unido a mis hermanos, hasta llegar al encuentro eterno con Él en el cielo.