“En el hombre interior habita Cristo, y en el hombre interior serás renovado según la imagen de Dios; conoce en su imagen a su Creador”

(San Agustin de Hipona)

Por, Sandra E. Rivera

Marcela una niña huérfana a sus 4 años de edad, quedando bajo la tutela de un padre volcado en el alcoholismo por la perdida de su esposa, lo que obligó a su hermano mayor de tan solo 10 años de edad asumir la responsabilidad de padre.

Rubén, reuniendo en varios lugares de carpintería recogió 4 tablas con las que construyó una caja de lustrar, así a su corta edad buscó el sustento de su hogar ya destrozado por la pérdida física de su madre y la ausencia casi total de su padre.

El tiempo transcurrió, entre ese ir e venir de la vida dura para estos dos niños, los cuales sin ninguna orientación adulta, guiados por la misericordia divina, fueron a la escuela, Marcela un poco mas grande ayudaba en las casas vecinas con los quehaceres, en las cuales la explotaban y humillaban, pero fue creciendo con esa cruz a cuestas.

Un domingo, como todos, en los que era asidua a la celebración de la Santa Misa, fue testigo de primeras comuniones, y ella inocente se acercó al sacerdote y le pidió si podía darse la primera comunión, el Sacerdote conociendo su historia, accedió, solamente le dijo que se buscara una madrina, de las tantas señoras bien vestidas como lo ameritaba la ocasión que se encontraban ahí, y así una de ellas, aceptó ser su madrina, a lo que nunca mas Marcela supo de ella.

Marcela, con la ayuda de sus hermanos, los dos se prepararon en pequeñas carreras técnicas, pero siempre siguieron con el estudio, hasta que al final se prepararon hasta lograr sus licenciaturas.

La vida para ninguno, nunca fue fácil, escribiría un libro completo de todas las adversidades que estos 2 hermanos pasaron, los cuales los tomo como referencia, para mostrar que la vida se asume y se vive según cada uno la visualiza, tenemos 2 opciones, sobrevivir o vivir.

Ninguna adversidad por dura que sea puede ser un obstáculo para salir adelante, Marcela preparó a sus 4 hijos, ayudó a su esposo hacerlo, el cual tuvo una vida similar, todos lograron ser profesionales, incluso adoptó 2 niñas mas, a quienes también las educó profesionalmente, y a pesar de su vida sin madre, ni padre, sola, pudo ser una excelente esposa y madre hasta el final de sus días.

Nadie le enseño amar a Dios, pero Él, vive en el corazón de cada uno de nosotros, solamente falta descubrirlo, buscarlo en cada alegría o en cada tristeza y abrazarlo como esa fuente de esperanza y vida.

Vivimos en una generación de cristal, donde la depresión es un detonante en el ser humano, y muchas veces, por tenerlo todo, absolutamente todo.

Sin embargo, a pesar de esa abundancia, los vacíos son mas profundos y la pérdida de ese significado de la vida, se torna en un mundo gris.

Como seres humanos cometemos un sin número de errores, en toda la historia de la humanidad, unos horrores que se han suscitado en diferentes épocas desde que hemos sido creados.

Pero no es justificación de la debilidad humana, la concupiscencia, para tomarlo como muleta para seguir aniquilándonos como sociedad, como personas.

El caso de Marcela y Rubén, no es aislado, hay peores situaciones, sin embargo, estas personas resurgen de la nada, como el ave fénix, para demostrarnos que la debilidad esta en el pensamiento, y no somos capaces de descubrirnos en la fuerza del amor, con la que fuimos creado, que Dios, es el capitán del barco, y que cuando nos toca un simple y rústico bote de madera, el lleva un remo, y nosotros llevamos el otro.

No existe cruz imposible de llevar, porque cada una esta tallada a la medida de nuestra espalda, si aquellos que no tenían nada, pudieron surgir, nosotros aquellos que tenemos todo, ¿Qué no seriamos capaz de construir?