«A veces, nuestra luz se apaga pero se vuelve a encender en llamas instantáneas por un encuentro con otro ser humano»

– Albert Schweitzer

Por, Sandra E. Rivera

Al crearnos Dios, a su imagen y semejanza, nos creó como seres que transportamos luz en nuestro interior, pero depende de cada uno, abrir la ventana del corazón para que se pueda irradiar a través del rostro, ¡Y cuanto bien hace! Una mirada llena de ternura o una sonrisa solidaria, ni siquiera son necesarias las palabras para que ese mudo lenguaje penetre en los mas recóndito del ser.

Me agrada mucho, ver los rostros de las personas y tratar de leer en ellos, las páginas de sus historias, en la enciclopedia de sus vidas, es nada mas, tomarse unos segundos para observar las prisas, congojas, enojos, frustraciones, ilusiones, alegrías, esperanzas y desolaciones que podemos visualizar en el instante fugaz en el cambio de un semáforo y ver a los conductores que están a nuestro lado, protegidos por vidrios que encierran las voces que a gritos piden ser escuchados en esos rostros muchas veces adoloridos.

Si fuéramos capaces de intuir las batallas de esas almas con sus conciencias, con sus pasados o presentes, realmente el mundo sería distinto, si tratáramos de entendernos desde esa perspectiva, de que llevamos arrastrando un sin numero de problemas y que quizás esos nos hacen ser hostiles con otros, sin personalizar las ofensas, no tomando parte directa de esa hostilidad, sino colocarme en esos zapatos, de esa historia quizás dura, tétrica, que empuja a tomar ese tipo de actitud.

Es normal que nuestro ego se sienta herido al recibir una mala respuesta, un gesto, una mirada de desapruebo, pero no imaginamos que hay detrás de esa rigidez, de ese mecanismo de defensa.

Escuché a una persona decir en una reunión que jamás había sentido cariño de nadie, ni de sus padres, ni familiares, y que eso lo había empujado a hundirse en el mundo del alcohol y de la droga, y que después de 20 años en ese infierno pudo rehabilitarse, aun después de todo ese tiempo, no conseguía obtener palabras de afecto de sus padres.

¿Cuántas veces nos encontramos con este tipo de personas? A las que duramente juzgamos, sin conocer el dolor que van arrastrando, y cuanta diferencia haríamos en brindarles una sonrisa, una palabra consoladora, una mirada tierna, ¡Cuánto bien le haríamos a esa alma!

Dios nos ha colocado una misión a cada uno, estamos aquí con un propósito de vida, el cual debemos descubrir en cada mañana que nos levantamos con las gracias y las bendiciones recibidas al despertar, quizás con una historia menos traumática que otros.

Podemos ser ángeles de luz, o de oscuridad en la vida de alguien, según sea nuestra actitud, ya que estamos en un mundo donde todos se sienten ofendidos, donde se reclaman derechos pero a la vez quitamos derechos, y es el momento cuando las páginas de mi historia, podrían entrelazarse con esas historias, dándole un giro a esas  hojas rasgadas, manchadas, que quizás esperan escribir un nuevo párrafo donde la trama haya pasado y el desenlace empiece a evolucionar de forma diferente, con el bolígrafo nuestro podríamos añadir unas líneas doradas en aquellas que están escritas en negro, creando capítulos nuevos, para que empiece a brillar la esperanza donde se ha perdido.