“No me estremece la maldad de los malos, sino la indiferencia de los buenos.”

(Martin Luther King)

Por, Sandra E. Rivera

Me llama poderosamente la atención cuando veo en las redes sociales alguna situación caótica, de peligro, y muchas personas están tomando videos con su celular, específicamente, dentro de tanto que se comparte en las redes, alguien compartió un video de dos chicas agarrándose del pelo y golpeándose una a la otra de una manera brutal, mucha gente de espectadores, riéndose, burlándose y alentando a la que mas golpeaba. ¡Que indiferencia! Si en estas pequeñas cosas, como es una pelea callejera tomamos ese tipo de actitudes, ¿Qué podríamos esperar de las grandes cosas que suscitan en el mundo? El silencio es absoluto, y por “no meternos en problemas” callamos las injusticias con el otro.

El relativismo esta de moda en nuestra época, siempre ha existido en todos los tiempos, porque nuestra naturaleza humana es la misma, paradójicamente somos todos muy diferentes, pero la esencia humana, es la misma, cada uno desarrolla los valores, la ética y la moral dependiendo de su cultura, de su entorno, pero al final, es el mismo amor, el mismo odio, la indiferencia, la empatía etc., sin embargo en nuestro tiempo, este relativismo se va marcando de una manera extraordinaria, las nuevas generaciones están muy distraídas en su propio mundo, una burbuja tan delicada que se rompe delante de las “injusticias presentadas para luchar por ellas” entre las que incluye el derecho al aborto, la ideología de genero entre otras.

El problema en esto, es que aquellos que escuchamos y miramos la intención de transformar la verdad, e intercambiar el concepto de lo correcto a malo, y de lo malo a justicia, nos vamos quedando en silencio dejando que la avalancha nos vaya consumiendo, siendo también cómplices del famoso relativismo.

El Poeta y dramaturgo Alemán Bertolt Brecht escribió una preciosa prosa donde va enunciando diferentes indiferencias por las que excusándose de no ser parte del problema va excluyéndose de involucrarse, hasta que llega el momento donde le toca vivir en carne propia una situación y no hay nadie quien se avoque porque por todos aquellos en el que no levantó la voz, ya no quedaba nadie, quien saliera a su auxilio, una prosa muy linda y reflexiva en la que nos toca las membranas del ausentismo en la realidad cotidiana.

Toca tomarse la tarea de, VIVIR, no como surfistas, sino, como buceadores, metiéndose dentro del mar, para rodearse de las creaturas, y ver en el fondo de este, los peligros y entonces vivirlos, sobrevivirlos y solamente así entonces, podremos decir, que el océano comparte maravillas, pero también innumerables peligros.

Todos tenemos la capacidad de pensar, reflexionar y reaccionar ante lo que se nos presenta día a día en la película que corre de la vida, de cada uno dependerá que posición tomar, pero de esta decisión estribará si nos quedamos como espectadores viendo como el teatro va desplomándose ante nuestros ojos, o ser parte del elenco.