Padre Fernando Pascual

El problema de muchas tentaciones es que crecen y crecen, hasta el punto de que nos parecen casi irresistibles.

La tentación inicia suavemente: una curiosidad sobre un artista, controlar un dato, aclarar aquel tema. Luego llega una imagen, o un deseo. Tal ello se junta a una cierta pena porque nos sentimos cansados o tuvimos un contratiempo.

Poco a poco, o a veces de modo muy rápido, la tentación coge fuerza. Cuando nos damos cuenta, las pasiones ya están encendidas.

Quizá entonces pedimos ayuda a Dios, para no caer de nuevo bajo la fuerza de la pereza, o de la sensualidad, o de la envidia, o del odio, o de la avaricia.

Es cierto que uno puede vencer, con la ayuda de Dios, una tentación que ha entrado con fuerza en el propio corazón. Pero quizá vale la pena aplicar el consejo de los antiguos: resistir desde el inicio.

Porque al inicio la tentación todavía es débil, precisamente porque no ha empezado a alterarnos ni nos envuelve con su atractivo engañador.

Cada vez que, en el horizonte, se asome una tentación, necesitamos dar un no sencillo, pero firme, desde la confianza en Dios.

Porque quizá ahí está el punto clave: si nuestro corazón vive en un diálogo continuo, espontáneo, sencillo, con Dios, será mucho más difícil que una tentación nos arrastre por sorpresa.

Lo importante consiste en tener la mente, el corazón, la vida entera, orientadas hacia Dios y hacia los hermanos. Entonces, casi no habrá grietas para las tentaciones.

Ciertamente, hay tentaciones que llegan una y otra vez, sin el menor deseo de encontrarlas. Pero si vivimos “escondidos con Cristo en Dios” (cf. Col 3,3), no lograrán perturbarnos.

Si en algún momento, por sorpresa o por descuido, con mayor o menor culpa, nos hemos dejado envolver por una tentación, habrá que pedir perdón y levantarnos.

Esa experiencia de nuestra debilidad será un momento para renovar la oración que Cristo mismo nos enseñó: “No nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal. Amén”.

Entonces veremos que, gracias a la ayuda de Dios, resulta realmente fácil vencer las tentaciones cuando las atajamos desde el inicio.