Por: Fernando Pascual

Había una vez un especialista que había leído buena parte de los mejores libros sobre un tema histórico.

Le comentaron que en Wikipedia tal tema tenía una voz. Fue a visitarla. Se encontró en ella una mezcla compleja de artículos de prensa, libros divulgativos, incluso citas de fuentes originales sacadas de contexto.

Ni corto ni perezoso, quiso mejorar aquella voz. Hizo su inscripción como usuario, y empezó a editar.

En pocas horas notó que sus cambios habían sido eliminados. Quedó sorprendido por el hecho, y volvió de nuevo a modificar aquella voz para mejorarla.

No había remedio: sus cambios eran revertidos una y otra vez, con argumentos y explicaciones que le dejaban perplejo.

Si quitaba un dato equivocado que se apoyaba en artículos de prensa claramente erróneos, le respondían que ese dato estaba apoyado en una fuente, y que no se podía quitar.

Si añadía un dato sobre la población que era archisabido por los especialistas, se lo borraban porque no había citado ninguna fuente.

Si matizaba una alabanza a un gobernante que, en realidad, tuvo una pésima gestión, eliminaban su matización porque sería un “punto de vista”, algo no permitido en Wikipedia.

El especialista se sentía extraño en el modo de trabajar de aquellos wikipedistas. Abrió, en la página de discusión, un argumento para defender sus cambios, que además estaban apoyados por su competencia en el tema.

Aquello fue un grave error: varios le respondieron que en Wikipedia nadie es más importante que otros. Lo único que importa es colaborar con otros y respetar las reglas.

Nuestro especialista quedó pensativo: “¿De qué sirve respetar las reglas si algunos, a través de las mismas, ponen datos equivocados, juicios erróneos, distorsiones históricas?”

Puso eso en la página de discusión, y le llovieron críticas nada agradables: que despreciaba a los demás, que incurría en presunción de títulos como si fueran garantía de una superioridad sobre los otros, incluso le avisaron de faltar a la etiqueta.

El colmo llegó cuando otro wikipedista le acusó de haber borrado más de tres veces lo que con tanto esfuerzo había sido plasmado en la voz con un consenso. Nuestro especialista reaccionó con firmeza, porque solo había borrado una vez (no tres) ese texto que tenía bastantes imprecisiones.

Pidió, incluso, una rectificación por parte de quien le había acusado falsamente. El otro respondió que no se hiciese víctima, que hablase sobre la voz, que dejase de defenderse…

Al final, llegó un bibliotecario, que no conocía bien la situación, para ver qué pasaba. Acusó a nuestro especialista de provocar a los demás, de buscar ser impositivo, de borrar lo avalado por fuentes verificables, y lo bloqueó por tres días…

Nuestro especialista recordó una frase del Evangelio: llega la hora de sacudirse el polvo de los zapatos y dejar de ofrecer los propios conocimientos en aquella página donde se producían reacciones tan extrañas y se ofrecían a los visitantes informaciones distorsionadas o imprecisas.

Aquel hombre había naufragado en Wikipedia. Pero con un poco de sentido común, tuvo la sensatez para cerrar su cuenta y orientar su tiempo a lecturas e investigaciones con las que, de verdad, podría seguir ayudando a otros a una mejor comprensión de nuestra historia.