Autor: Sandra Rivera.

Levantar la mirada al cielo y encontrarse con el gran espectáculo de millones de estrellas que tillan, esa imagen preciosa que pareciera intermitente a nuestros ojos, es una luz fija que al llegar a hasta nuestros ojos, llega distorsionada por la distancia, la atmósfera, las partículas de polvo y los faros de nuestras ciudades, sin embargo a pesar de que el efecto óptico en el cual no apreciamos esa grandeza, sabemos que ahí están, maravillándonos  por verlas parpadear y sabemos que no estamos solos.

Pero cuantas veces, no hemos ni alzado la mirada al cielo, ni siquiera a un árbol, que esta frente a nuestros ojos,  que se levanta erguido desafiando a las tormentas, y del cual podríamos aprender mucho.

Contando únicamente con la sabia naturaleza, nos podría servir de una profunda reflexión, de sabernos en abundancia, si hasta los pájaros lo disfrutan con su incesante canto, todos los animales en sus diversas tareas, y nosotros, una gran parte del ser humano, nos sentimos perdidos, vacíos y deseando dejar de existir muchas veces.

Personas que han perdido el sentido de la vida, el propósito de respirar, de llenarse de tanto, ¡Pero de tanto! que ofrece este universo, que fue creado para la contemplación y el disfrute del mismo.

Escuchar a una persona, que diga, que para él o ella, únicamente lo que lo hace levantarse por la mañana es ir a buscar a aquel que le está “ayudando” a mantenerse en pie, a llenar su cuerpo de ese suicidio lento, es inconcebible que un joven tan lleno de vitalidad, no tenga otro pensamiento que destruirse, con tanta basura que ofrecen en el mercado, personas que también han perdido el sentido de la vida, porque requiere de mucha falta de conciencia, venderle la muerte a un ser humano y toda su familia por unos pocos dólares.

¡Cuánto vacio en tanta abundancia! ¿Cómo una persona puede colocar en primera fila  un vicio? y dejar toda una familia sufriendo, igual para el que consume y el que la distribuye.

Si bien es cierto, que nadie puede juzgar a nadie, porque solamente el que está pasando por la dificultad puede sentir en carne propia, y los que estamos de observadores podemos encontrar miles de soluciones que no son contemplados por ellos, pero basta, interiorizar, reflexionar en aquello que me destruye o me edifica y dejarse ayudar, si ya la autoayuda es imposible.

La vida tiene tanto, por disfrutar en el buen sentido, y no obstante a ello, después de esta vida tendremos una eterna, que la seguiremos viviendo de acuerdo a las elecciones que hemos hecho en ésta pasajera, es obligación hacer conciencia de lo que estamos haciendo para esa morada eterna.

Si en algún momento, has sido tentado a ser mediador para llevar a una persona a su destrucción, proporcionándole todo aquello que lo extermine como persona, reflexiona que la vida no termina aquí, continúa y según tus obras serás juzgado, y siempre, vas pagando desde aquí con los tuyos, aquello que has hecho y lo que dejaste de hacer  por los demás.