CRISTO BUEN PASTOR

Juan 10, 1ss

Por: P.Antonio Rivera LCI

Nos adentramos en otro de los títulos más hermosos del corazón de Jesús: buen pastor solícito y vigilante. ¿Qué hace el buen pastor?

  1. BUSCA LAS OVEJAS PERDIDAS

Durante estas notas hemos visto cómo ese buen pastor ha ido buscando a esas ovejas perdidas, descarriadas. Dios ha sido, es y será un gran buscador del hombre, porque está apasionado de él, le pertenece, es su oveja.

Hay que ver cómo buscó a Agustín de Hipona. Agustín también buscaba, pero andaba muy errado. Buscó en el platonismo, en el neoplatonismo, en el maniqueísmo… ¡Nada! Fue Dios quien le dio alcance en el jardín de Casiciaco y le dijo interiormente: “Tolle, lege”, toma y lee el libro sagrado. Dos ríos de lágrimas brotaron de sus ojos. Volvió al redil de Cristo a los 33 años.

Otro de los conversos de este siglo es André Frossard, hijo del primer secretario general del partido comunista francés. Fue educado en un ateísmo perfecto, aquel en el que ni siquiera se plantea la cuestión de la existencia de Dios. A los 20 años, un día va a buscar a un amigo en una capilla de París. Eran las cinco y diez de la tarde. ¿Qué pasó? Entra y se vio envuelto en una dulce y silenciosa explosión de luz. Al salir, su amigo notó algo especial en la fisonomía. “¿Qué te ocurre?”. “Soy católico, apostólico y romano”. La familia, creyéndolo embrujado, le llevó a un médico ateo y socialista. El médico repuso: “la extraña enfermedad que este hombre padece se llama gracia, ha sido tocado por la gracia”. Todo esto lo cuenta en su famoso libro: “Dios existe, yo me lo encontré”.

Dios nos persigue con amor y hace lo indecible por mí para hacerme volver a su redil. ¿Me he dejado ya atrapar por el buen pastor o me escapo del redil?

 

  1. UN BUEN PASTOR CONOCE A SUS OVEJAS

Cristo, buen pastor, nos conoce desde siempre. Conoce nuestros nombres y nuestras aventuras. Pregunten, si no, a la samaritana, a Zaqueo, a Natanael. La mirada de Jesús penetra los secretos más íntimos de cada uno. Es una mirada llena de simpatía, de delicadeza, de respeto.

Conoce mis dudas, mis preocupaciones, mis ideales, mis luchas, mis problemas más íntimos. Los conoce no para echarme en cara mis pecados, sino para acercarme a su corazón: “Venid a mí todos los que estéis cansados…”. Conoce mi pasado, mi presente y mi futuro. Y aun así, no se escandaliza, no me abandona en cualquier peñasco o acantilado. Es un Pastor para quien yo no soy ajeno, sino oveja querida, amigo. ¿Voy yo cada día conociendo a mi Pastor, su silbo amoroso, su rastro firme, su caricia suave? ¿Conozco ya lo que le disgusta y le entristece a este buen pastor? ¿Trato de darle alegría y satisfacción y gozo?

Una aplicación para quienes somos pastores de estas ovejas. Conocer lo bueno para potenciarlo, enriquecerlo: liderazgo espiritual, intelectual, humano y social. Lo malo: para ayudarles a corregirse, a quitarlo de sus vidas y a orientarles…pues como pastores estamos llamados a ser luz, consejo, antorcha, bisturí y sal.

  • UN BUEN PASTOR AMA A SUS OVEJAS

Del conocimiento siempre se pasa al amor o al odio. Dado que Cristo es buen pastor, Él no puede menos que amarnos, sentir un profundo afecto a cada uno de nosotros, volcar su amor en nuestros corazones. Este amor se demuestra en que nos llama a cada uno por nuestro nombre. “Simón, Simón…Felipe…Judas…Marta…Lázaro…María…Saulo”.

Y nos ama así como somos, con nuestras cualidades y defectos. El amor no se fija en las exterioridades, va a lo profundo del corazón y sabe perdonar y hacer caso omiso de los fallos. Y nos ama porque somos ovejas que su Padre le ha encomendado, y de las que Él debe rendir cuentas.

Para quienes somos pastores: amar a nuestras ovejas. Amor que es estima profunda, reverencial. Amor que es motivación continua y aliento sincero. Amor que es acogida afable, cordial y paciente. Amor que busca lo mejor de ellos pues lo contrario es indiferencia. Aquí se inserta la llamada de atención, que no es un simple regaño, dictado por mi orgullo herido o por mi pasión incontrolada, sino dictada por el amor sincero que crea el bien, que busca el bien de esa oveja.

  1. LAS ALIMENTA

¡Cómo goza y se recrea el pastor al ver a sus ovejas rechonchas y gordas! Esto es signo de salud y vitalidad, y sobre todo reflejo del cuidado del pastor. Pues si están famélicas y enclenques, puede ser por dos motivos: o por descuido del pastor o porque la oveja no ha querido comer lo que el pastor le dio.

¿A qué pastizales nos lleva Cristo y a qué pastizales tenemos que llevar a nuestras ovejas quienes somos pastores? Nunca a nosotros. Tenemos que llevarles a los sabrosos pastizales de los sacramentos, oración, evangelio, libros espirituales buenos.

Si no les llevamos, esas ovejas se irán a otros pastos que tal vez les hagan daño, les estropeen el alma y mueran. ¡Qué responsabilidad!

  1. DEFIENDE Y DA LA VIDA POR ELLAS

Sabemos que hay lobos: el mundo con sus criterios fáciles, hedonistas; el demonio con sus tentaciones fantásticas y de color de rosa, las propias pasiones.

Cristo siempre nos ha defendido de todos los peligros. Nos ha vacunado, nos protege, vigila para que nadie nos haga daño.

Cristo ha dado la vida por cada uno de nosotros. ¡Qué amor de buen pastor!

¿Qué me pide a mí este buen pastor?

Conocerle, amarle, escuchar siempre su voz y seguirle hasta el final. ¿Qué clase de oveja soy: rebelde, independiente, oveja negra; o dócil, cariñosa y fiel?